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Terra
La Coctelera

Existencia (1)

Cómo puedo escribir una historia
(mi verdadera historia)
que no abarque más de cuatro paredes
que gire en torno al diminuto espacio del pensamiento
que es extenso y a la vez estrecho.
Cómo moldear mis adjetivos sobre un piso invisible
Cómo desnudar cada palabra intangible,
sin sentir culpa de haber violado ciertas normas.

Cómo vivir partiendo desde el angosto pasaje de la muerte,
con la medianoche catapultando mis palabras
envolviendo cada fracción mía en un acta de defunción.

Cómo podría contar lo que he vivido,
mis batallas con el delirio…
Simulando alegrías frente a mi propia destrucción.

Cómo podría contar lo que no he vivido…

Podría alterar mi realidad,
poseo el don del eufemismo,
decir que fui feliz,
que mis mañanas corrían al ritmo de un violín,
sin tardes tormentosas,
con las noches recostada en las sábanas del cielo,
entregada a la armónica creación de la palabra.

Podría mentir y decir que tuve vida.

No puedo ser tú

Por qué no puedo ser tú
y estar acorralada bajo 4 tablas
en la soledad
en el olvido
sin flores a fin de mes

Y tener un lugar exclusivo para mí
donde sólo sea un nombre
sobre una lápida abandonada
y mi rostro un recuerdo que nadie tiene

Por qué no puedo ser tú
para que nuestra madre diga
que tiene una hija perfecta
para que nuestro padre diga
que tiene una hija que le llena de orgullo

Ser tú
para que a los 21
mi rutina sea sólo descansar,
con mis soliloquios desquiciados
lejos de miradas lacerantes

Por qué no puedo ser tú
y evitarme
los dolores y placeres de la vida

tú verías el sol
también las estrellas
cantarías con los pájaros
y saludarías al ruiseñor

Y no serías como yo
tal vez un poco patética
pero nunca como yo

Te juntarías con los normales
seria y conservadora
hija perfecta de nuestros padres
te casarías
y serías la madre perfecta de 3 hijos

tú tomaste mi lugar hace 20 años
y hoy yo estoy sola.

Existencia

Mi infancia
yo la creía perfecta:
enfrascada en una orbe paralela.
La sociedad se destruía mientras yo jugaba a las muñecas.
Cuando reventaban coche-bombas
mis padres decían que eran los cortejos a la patria
y cuando sendero se tumbaba los postes de luz
me decían que era un castigo por ver tanta tv.
Hacía largas colas de la mano de mi madre,
yo confiaba que recibiría un premio
pero un buen alimento era suficiente,
para ese entonces era una niña dócil
fácil de satisfacer.

En los noventas estuve en la escuela,
la represión /dictadura/
no tocó a mi puerta
pues no sabía lo que era.
Tenía libertad de expresión
porque igual nadie me escuchaba.
El Perú para mí era entonces
Los Libertadores
el barrio donde nací
la capital era mi escuela
y yo dominaba al sector estudiantil
desde mi idealismo ridículo

Mi casa era un diminuto castillo
donde tomaba decisiones pueriles
lastimando a los que buscaban paz
ya empezaba a despertar mi rebeldía
me entregaba a la carencia del amor

Mis horizontes se expandían.
M mente comenzaba a liberarse.

Dios comenzaba a ser ajusticiado
condenado por jóvenes sin sueños
que coreaban sobre un andamio
su intento de renovar al mundo entero.
Dios era representado por seres sin pasatiempo
y yo
justo a tiempo tomé otro rumbo lejos de ellos.

Mientras caía la dictadura
completaba mi adolescencia
y la mediocre secundaria.

Entró la transición
luego la democracia
con el líder de los suyos
coreado por el pueblo
(cinco años después sería repudiado)

Estudié en una universidad
a miles de millas lejos de mi nido

manifestaciones, vigilias, arengas
“…todos hacemos la patria,
Compañera tú tienes la palabra…”

Y luego la anarquía
el delirio de querer ser intelectual,
subsistir en un grupo rebelde
lleno de libros, historias,
melodías, bohemia
y miles de versos…

Me protegí en un círculo ambivalente
caí en una dualidad explosiva
que al término me envió por esta vía
y me protegí en simples poemas
ocultando mis temores
olvidando la inocencia,
despertando a la verdadera vida.
Algunos dicen que escogí un mal camino
o el camino del mal,
me dicen un sin fin de palabras
que escuche un eco siniestro
en alguna fosa maltrecha.

Mi existencia no es perfecta,
pero ya puedo ver más allá
de cuatro paredes
y reconocer el verdadero valor de una bandera.